No hay que ir muy lejos para encontrar verdaderas maravillas naturales. En Barcelona, dejando Ripoll atrás y antes de Puigcerdà encontramos un bello pueblecito de montaña llamado Ribes de Freser.
Un día cualquiera, cogimos el tren de cercanías, y bajamos allí. Establecimos nuestro campamento base, y tras echar un sueñecillo y desayunar bien nos pusimos en marcha hasta el gran Valle de Nuria.
Hay varias opciones, de hecho la más común es coger el tren cremallera que desde allí o desde Queralbs suben hasta el mismísimo valle, surcando las majestuosas montañas y desafiando a la gravedad. Pero nosotros no, no, lo bello es disfrutar del camino, y como sabíamos que desde Queralbs había un sendero que desembocaba allí bajamos en la primera parada del cremallera y comenzamos a andar.
Tan sólo un poco después ya vamos disfrutando del paseo y del paisaje, increíbles los puentes, el telón verde que te envuelve, cada flor y cada pájaro que nos vamos encontrando.
En realidad vas siguiendo el curso del tren cremallera, pero por otra orilla. Por aquí va el tren...
y por aquí nosotros ^_^ Mirad qué sendero más bonito!!
Y bueno, tras un ratillo que fue casi una mañana, con multitud de paradas para fotografiar, llegamos al Valle de Nuria. Tras la inevitable visita al mirador y disfrutar de las vistas, vamos viendo señales que marcan posibles caminos de vuelta.
Pero como no todos los días se ven estas montañas y estos enérgicos saltos de agua por todos lados, decidimos comernos unos ricos macarrones boloñesa junto a un arroyo, ¡esto es vida! Menudo descanso después de la caminata. Por supuesto, aprovechamos para remojarnos los pies con el agua helada que corría. Me encanta la sensación de mojarte en agua helada, y sentir al salir cómo los rayos del sol calientan el cuerpo...
Ya repuestos de hambre y cansancio ( ni que hubiéramos ido a Siberia :-P ) emprendemos el camino de vuelta , y vamos dejando atrás el gran valle.
De todos modos, las montañas no nos abandonarán en todo el sendero, y vamos embelesados admirando su magnitud, y sintiendo que somos una pequeñísima parte de este planeta, pequeña pequeña, y a veces tan arrogantes...

Aunque no lo creáis, en el este bello prado, sentada tranquilamente, una mujer disfrutaba de un rato de lectura... ¡¡¡de algoritmos matemáticos!!! No es broma, es cierto, aquí estaba esta mujer leyendo un libro matemático mientras los animales pastaban a su alrededor, y nosotros pasábamos a su lado... Bueno, yo no leería matemáticas, pero sentarse a leer en un lugar así no tiene precio, de eso no me cabe duda.

Nosotros continuamos nuestro camino de regreso, no sin antes guardarnos en la mente, en las retinas y en estas fotografías el maravilloso recuerdo de la zona.